El ratito de Vera en el jardín
Para ti, antes de empezar: Valida los celos ante la llegada de un hermano y muestra cómo pedir un ratito solo con mamá, con una acción y una frase sencillas.
Vera vive en una casa con jardín. En el jardín hay un limonero, unas matas de lavanda y un banco azul. Tobi, su perro, va siempre detrás de ella.
Desde hace unos días, en casa hay un bebé. Es pequeñito y huele a leche. Mamá lo coge en brazos. Papá lo coge en brazos. Todos dicen: «¡Qué bonito!».
Esta tarde Vera dibuja en la cocina. Dibuja un sol, una casa y un perro con manchas. Corre hasta mamá con el dibujo.
—Mira, mamá. Es Tobi.
—Ahora no, Vera. Espera un poquito, que el bebé tiene hambre.
Vera espera. Cuenta hasta diez con los dedos. Mamá sigue con el bebé. Vera aprieta el dibujo, aprieta los labios y sale al jardín con pasos fuertes. Pum, pum, pum. Tobi trota a su lado.
Hay una piña en el camino. Vera le da una patada. La piña rueda hasta el limonero y se para.
—Siempre está el bebé —le dice a Tobi—. Y yo, ¿dónde estoy?
Tobi le lame la mano.
Vera se sienta bajo el limonero. Desde allí ve el banco azul. Mamá ha salido con el bebé dormido y se ha sentado a mirar las flores.
Vera mira el banco. Mira a mamá. Mira a Tobi. Se queda un rato pensando.
Entonces se levanta. Va por el camino de piedras: salta la primera, salta la segunda, salta la tercera. Pasa junto a la lavanda y arranca una ramita que huele rico. Tobi la sigue con la lengua fuera.
Llega al banco y le da la ramita a mamá.
—Hola, Vera —dice mamá, y huele la lavanda—. Traes cara de nube oscura. Te ha dado rabia esperar, ¿verdad? Con un bebé nuevo en casa, a muchos niños les pasa. Puedes sentirla.
Vera se sube al banco y se queda cerca de mamá.
—Mamá —dice—, ¿puedo estar un ratito solo contigo? Sin bebé.
Mamá la mira a los ojos y sonríe.
—Sí. Es una idea muy buena.
Papá sale por la puerta, coge al bebé con mucho cuidado y se lo lleva dentro. Mamá se queda con las manos libres, y solo mira a Vera.
Vera elige buscar caracoles. Va de la mano de mamá hasta las macetas del limonero. Levantan una hoja grande. Debajo hay un caracol con su casita a cuestas.
—Es chiquitín —dice Vera.
No lo toca. Lo mira de cerca, muy de cerca. Mamá cuenta con ella: uno, dos, tres caracoles. Tobi olisquea la tierra y estornuda. Mamá no mira a ningún otro sitio: solo a Vera y a los caracoles.
Mamá y Vera vuelven por el camino de piedras. Vera salta la primera, salta la segunda, salta la tercera. Tobi corre delante, moviendo la cola.
En la cocina, el dibujo sigue arrugado encima de la mesa. Vera lo estira con las manos, bien liso, y se lo da a mamá.
—Es Tobi —dice.
Mamá lo mira entero, despacio. Mira el sol, la casa y el perro con manchas.
—Qué manchas más bonitas. Me encanta, Vera.
Vera sonríe. Mamá abre los brazos y Vera se mete dentro de un salto. Es un abrazo grande, grande, con olor a lavanda. Mamá la acuna un poquito de un lado a otro.
Papá se asoma con el bebé en brazos y guiña un ojo. Tobi se sienta a los pies de todos, muy contento.
Y en la nevera, con un imán de limón, cuelga el dibujo de Vera.
Guía para ti
Qué trabaja: Este cuento acompaña a Vera cuando llega un hermano: siente rabia al esperar y mamá se la nombra sin juzgarla. Vera muestra una forma concreta de pedir atención (ir hacia mamá y decirle «¿puedo estar un ratito solo contigo?»), que un niño puede copiar en casa. Favorece que sienta que su sitio en la familia sigue siendo suyo.
Qué es esperable a esta edad: A esta edad, con un bebé en casa, es normal que pida brazos, hable como más pequeña o tenga más rabietas: es su manera de comprobar que sigue teniendo su sitio. Suele ir pasando con rutinas y ratitos a solas con ella.
Cómo reforzarlo en casa:
- Nombrad lo que siente sin juzgarlo: «te da rabia que mire tanto al bebé».
- Reservad cada día un ratito corto y fijo solo con ella, y decidle cuándo será («mañana, después de merendar»).
- Cuando pida estar con vosotros, reconoced que lo ha pedido y dejad que elija qué hacer en ese rato.