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Cuento para el miedo a la oscuridad

Comprobar qué era esa sombra, encender la lucecita y saber que llamar a mamá o a papá está bien, con un final tranquilo.

Primer cuento de la saga «Miedo a la oscuridad: cinco noches con Vera y Tobi», gratis

Versión en revisión por nuestras maestras.

Vera y la lucecita de seta

Para ti, antes de empezar: Primera noche: validar el miedo a la oscuridad y usar una lucecita suave para reconocer las cosas del cuarto.

Vera tenía un cuarto con una cama pequeña, una alfombra de rayas y un perro llamado Tobi, que dormía a sus pies.

Aquella noche, mamá apagó la luz.

—Buenas noches, Vera.

Vera cerró los ojos. Los abrió. Todo estaba negro. La silla ya no parecía una silla. La estantería ya no parecía una estantería.

—Mamá —dijo Vera—. La oscuridad me da miedo.

Mamá volvió y se sentó en el borde de la cama.

—Sé que la oscuridad te da miedo. Estoy aquí.

Tobi levantó la cabeza y movió la cola contra la manta.

—Mamá, ¿y si no veo mis cosas? —preguntó Vera.

—¿Qué te ayudaría a verlas?

Vera pensó y pensó. Pensó un ratito más. Y entonces se acordó.

—En el pasillo hay una luz chiquita. Una seta. Voy a buscarla.

Vera bajó de la cama. Pisó la alfombra: una raya, dos rayas, tres rayas. Tobi bajó detrás, tic, tic, tic, con las uñas en el suelo.

Llegaron a la puerta. El pasillo estaba oscuro, pero Vera conocía el camino. Mamá la seguía despacio y no decía nada.

Vera pasó junto a la percha de los abrigos. Pasó junto al zapatero. Llegó a la cómoda y allí estaba la seta, redonda y blanca, con su sombrero liso.

La cogió con las dos manos. Buscó el botoncito debajo del sombrero y lo apretó.

Clic.

La seta se encendió con una luz amarilla, suave como una vela de cumpleaños pequeñita.

—Ya está —susurró Vera.

Volvieron por el pasillo. Una raya, dos rayas, tres rayas de alfombra. Vera dejó la seta en la mesita, al lado de su cama, y la luz se quedó temblando un poquito, tranquila.

Mamá se sentó otra vez. Tobi se enroscó junto a la almohada.

—Ahora toca mirar —dijo Vera—. Mirar bien mi cuarto.

Y Vera se puso a mirar.

Vera se sentó en la cama y empezó por la puerta. Levantó el dedo y fue señalando, una cosa tras otra.

—La puerta. La silla, con mi jersey colgado. La estantería, con mis cuentos. La mochila verde.

Cada cosa salía de la sombra con la luz amarilla, y era la de siempre. Vera siguió hasta la ventana, hasta la cómoda y hasta el dibujo de la jirafa que pegó en la pared.

—La jirafa —dijo, y se rio—. Tiene el cuello largo.

Mamá le dio un beso en la frente y se quedó sentada, quieta, a su lado. Tobi suspiró hondo contra la almohada y apoyó el hocico en la mano de Vera.

La seta brillaba en la mesita. Su luz llegaba justo hasta la alfombra de rayas, hasta la silla, hasta los cuentos.

Vera bostezó. Un bostezo grande, de los que abren mucho la boca.

—Mamá, mañana la volvemos a encender.

—Mañana la volvemos a encender —dijo mamá.

Los ojos de Vera se cerraban y se abrían, cada vez más despacio. Miró la jirafa una vez más. Después miró el sombrero de la seta.

Tobi bostezó también, con un ruidito largo.

La casa estaba en silencio. La luz amarilla seguía allí, pequeñita y quieta.

Vera cerró los ojos. Tobi cerró los suyos. Y los dos se quedaron dormidos, calentitos, en el cuarto de siempre.

Guía para ti

Qué trabaja: Este cuento acompaña el miedo a la oscuridad a la hora de dormir. Vera lo dice en voz alta, va ella misma a buscar una lucecita suave, la enciende y mira su cuarto hasta reconocer cada cosa. Es una estrategia pequeña que su hijo o hija puede copiar esa misma noche (modelado).

Qué es esperable a esta edad: A los 4 años el miedo a la oscuridad es muy frecuente: la imaginación crece y de noche el cuarto parece otro. A esta edad es normal que pida luz o compañía para dormirse; una lucecita y la misma rutina cada noche suelen bastar.

Cómo reforzarlo en casa:

  • Dejad una lucecita encendida y decidle con calma: «Sé que la oscuridad te da miedo; estoy aquí».
  • Repetid cada noche la misma rutina corta: encender la luz suave y nombrar juntos tres cosas del cuarto.
  • Reconoced lo que ha hecho bien («has encendido tu luz tú sola») sin comentar si ha tenido miedo o no.

Las 3 sagas, para leer esta misma noche

15 cuentos para dormir (5 por objetivo) y, con cada uno, una guía breve para ti: qué trabaja, qué es esperable a su edad y cómo reforzarlo en casa.

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